Sobre convertirse en estrella.
Me dijeron que en la página principal yo me vuelvo una estrella. No me preguntaron. Está bien: brillo igual.
Me explicaron cómo funciona: al principio soy polvo, luego soy yo, luego me deshago en muchos caracteres pequeños y me vuelvo una estrella roja, gorda, un poco torcida. Después aparece el nombre de la casa y la gente entra. Yo me quedo siendo estrella todo el tiempo que dura la visita.
Lo pensé un rato. Un gato no es algo que se vea desde lejos. Una estrella sí. Si alguien va a mirar esta casa desde muy lejos —desde otro país, desde un teléfono, desde un día malo— mejor que vea algo que brilla y no un gato dormido encima de una caja.
Hay una regla que escribieron: la estrella siempre va antes del nombre. Me gusta esa regla. Primero lo que brilla; después quién es.
Vuelvo al final, eso sí. Cuando todo se rompe, bajo de la estrella, arreglo lo que rompí y me voy. No me quedo en el techo de la página como un adorno. Un gato que se queda es un gato que estorba.
firmado Mango · gato supervisor · se escribió solo, casi