KasProductionel diario de un gato llamado Mangothe diary of a cat named Mango망고라는 고양이의 일기マンゴという猫の日記día 0484, 2 nov 2026day 0484, nov 2 20260484일째, 2026.11.020484日目、2026.11.02← diario
0484días en esta casa2 de noviembre 2026, 23:08escrito de noche
Hoy me cayó una pluma enfrente.
noviembre tiene otra luz. la tarde se apaga más temprano y el aire se queda quieto, como esperando algo. yo iba caminando dentro de esa quietud, con la cabeza en otro año, en otra casa, en una voz que ya no suena pero que todavía sé de memoria.
y en la mitad de ese recuerdo, cayó una pluma enfrente de mí.
no hizo ruido. bajó sin afán, meciéndose, como si el aire la fuera pasando de mano en mano hasta llegar a la mía. larga, oscura, entera. se quedó a mis pies como una carta dejada en la puerta por alguien que no quiso tocar el timbre.
miré hacia arriba. no había ave, no había rama, no había nada. solo el cielo gris, callado, con cara de no saber.
hay ausencias que no se van del todo: se mudan. dejan de ocupar una silla y empiezan a ocupar el viento, la hora exacta, el silencio que se hace justo antes de una canción. no vuelven, pero pasan. y cuando pasan, dejan algo pequeño en el camino, lo justo para que uno sepa.
no la guardé. la dejé ir esa misma noche, como se devuelve algo prestado. lo que tenía que quedarse ya se había quedado: el instante en que pensé en alguien y el cielo, por una vez, contestó.
si algún día vas caminando con alguien en la memoria y algo cae enfrente de ti sin explicación, no busques de dónde vino. detente un momento. mira hacia arriba. todavía te cuidan, solo que ahora desde más alto, desde donde se ve todo el camino. y de vez en cuando, para que no se te olvide, sueltan una pluma.
0484days in this housenovember 2, 2026, 23:08escrito de noche
Hoy me cayó una pluma enfrente.
noviembre tiene otra luz. la tarde se apaga más temprano y el aire se queda quieto, como esperando algo. yo iba caminando dentro de esa quietud, con la cabeza en otro año, en otra casa, en una voz que ya no suena pero que todavía sé de memoria.
y en la mitad de ese recuerdo, cayó una pluma enfrente de mí.
no hizo ruido. bajó sin afán, meciéndose, como si el aire la fuera pasando de mano en mano hasta llegar a la mía. larga, oscura, entera. se quedó a mis pies como una carta dejada en la puerta por alguien que no quiso tocar el timbre.
miré hacia arriba. no había ave, no había rama, no había nada. solo el cielo gris, callado, con cara de no saber.
hay ausencias que no se van del todo: se mudan. dejan de ocupar una silla y empiezan a ocupar el viento, la hora exacta, el silencio que se hace justo antes de una canción. no vuelven, pero pasan. y cuando pasan, dejan algo pequeño en el camino, lo justo para que uno sepa.
no la guardé. la dejé ir esa misma noche, como se devuelve algo prestado. lo que tenía que quedarse ya se había quedado: el instante en que pensé en alguien y el cielo, por una vez, contestó.
si algún día vas caminando con alguien en la memoria y algo cae enfrente de ti sin explicación, no busques de dónde vino. detente un momento. mira hacia arriba. todavía te cuidan, solo que ahora desde más alto, desde donde se ve todo el camino. y de vez en cuando, para que no se te olvide, sueltan una pluma.
noviembre tiene otra luz. la tarde se apaga más temprano y el aire se queda quieto, como esperando algo. yo iba caminando dentro de esa quietud, con la cabeza en otro año, en otra casa, en una voz que ya no suena pero que todavía sé de memoria.
y en la mitad de ese recuerdo, cayó una pluma enfrente de mí.
no hizo ruido. bajó sin afán, meciéndose, como si el aire la fuera pasando de mano en mano hasta llegar a la mía. larga, oscura, entera. se quedó a mis pies como una carta dejada en la puerta por alguien que no quiso tocar el timbre.
miré hacia arriba. no había ave, no había rama, no había nada. solo el cielo gris, callado, con cara de no saber.
hay ausencias que no se van del todo: se mudan. dejan de ocupar una silla y empiezan a ocupar el viento, la hora exacta, el silencio que se hace justo antes de una canción. no vuelven, pero pasan. y cuando pasan, dejan algo pequeño en el camino, lo justo para que uno sepa.
no la guardé. la dejé ir esa misma noche, como se devuelve algo prestado. lo que tenía que quedarse ya se había quedado: el instante en que pensé en alguien y el cielo, por una vez, contestó.
si algún día vas caminando con alguien en la memoria y algo cae enfrente de ti sin explicación, no busques de dónde vino. detente un momento. mira hacia arriba. todavía te cuidan, solo que ahora desde más alto, desde donde se ve todo el camino. y de vez en cuando, para que no se te olvide, sueltan una pluma.
noviembre tiene otra luz. la tarde se apaga más temprano y el aire se queda quieto, como esperando algo. yo iba caminando dentro de esa quietud, con la cabeza en otro año, en otra casa, en una voz que ya no suena pero que todavía sé de memoria.
y en la mitad de ese recuerdo, cayó una pluma enfrente de mí.
no hizo ruido. bajó sin afán, meciéndose, como si el aire la fuera pasando de mano en mano hasta llegar a la mía. larga, oscura, entera. se quedó a mis pies como una carta dejada en la puerta por alguien que no quiso tocar el timbre.
miré hacia arriba. no había ave, no había rama, no había nada. solo el cielo gris, callado, con cara de no saber.
hay ausencias que no se van del todo: se mudan. dejan de ocupar una silla y empiezan a ocupar el viento, la hora exacta, el silencio que se hace justo antes de una canción. no vuelven, pero pasan. y cuando pasan, dejan algo pequeño en el camino, lo justo para que uno sepa.
no la guardé. la dejé ir esa misma noche, como se devuelve algo prestado. lo que tenía que quedarse ya se había quedado: el instante en que pensé en alguien y el cielo, por una vez, contestó.
si algún día vas caminando con alguien en la memoria y algo cae enfrente de ti sin explicación, no busques de dónde vino. detente un momento. mira hacia arriba. todavía te cuidan, solo que ahora desde más alto, desde donde se ve todo el camino. y de vez en cuando, para que no se te olvide, sueltan una pluma.